Los ensayos in situ en Chillán determinan las propiedades mecánicas e hidráulicas del terreno sin alterar su estado natural, un requisito imprescindible cuando se intervienen suelos de origen volcánico y fluvioglacial propios del valle del Ñuble. La normativa chilena, en particular la NCh 1516 Of. 79 y las especificaciones del Manual de Carreteras, exige verificar la compactación alcanzada en cada capa de relleno, labor que se resuelve con la densidad de campo (cono de arena). Este método normalizado correlaciona directamente la masa volumétrica seca obtenida con la densidad máxima del ensayo Proctor, entregando el grado de compactación que define la aceptación del terraplén.
Estos controles son obligatorios en la ejecución de fundaciones superficiales, plataformas para naves industriales, pavimentos urbanos y estacionamientos que proliferan en el sector oriente de la ciudad. La densidad de campo (cono de arena) se complementa con mediciones de capacidad de soporte y análisis granulométricos que cierran el ciclo de aseguramiento de calidad. Un programa de ensayos bien distribuido reduce rechazos en recepciones municipales y evita asentamientos diferenciales que comprometan la serviciabilidad de las estructuras sobre estos suelos limo-arcillosos estacionalmente activos.